Inicio · Trabajos verticales en Torrejón de Ardoz
Bajamos por cuerda a reparar el ladrillo cara vista, las juntas, los petos y los patios de los bloques de Torrejón. Se empieza el mismo día, sin licencia de ocupación de vía pública y sin llenar de tubo la zona ajardinada.
El grueso del parque residencial se levantó en los años sesenta y setenta, cuando la ciudad creció de golpe alrededor de la base aérea y de los polígonos del corredor del Henares. El patrón se repite: bloque abierto de cuatro a ocho alturas, fachada de ladrillo cara vista sin revestir, carpintería que cada vecino ha ido cambiando y cubierta plana con peto bajo. En Las Fronteras el tipo cambia: edificación más baja y de ejecución más irregular, con medianeras vistas. En Zarzuela, Veredillas, Juncal, Orbasa o Parque de Cataluña ya hay cámara de aire y juntas de dilatación mejor resueltas, y en Soto del Henares, de los 2000, mortero monocapa y prefabricados. El casco viejo es otra cosa: calles estrechas donde el andamio ni siquiera cabe.
Importa por fechas: los edificios de más de cincuenta años deben pasar el informe de evaluación del edificio, y los bloques de los sesenta y setenta ya están de lleno en ese tramo. En esos informes es donde por fin quedan por escrito las grietas que llevaban años a la vista.
Si su bloque es de cara vista de los setenta, esto le sonará: una grieta horizontal justo encima del hueco de la ventana, siguiendo la primera hilada, con el ladrillo algo empujado hacia fuera y a veces un reguero de óxido bajando por la fachada.
La causa no está en el ladrillo. Sobre el hueco hay un angular de acero que sostiene la hoja exterior. El agua entra por las juntas, el angular se oxida y el óxido ocupa varias veces el volumen del acero sano: levanta el ladrillo desde dentro. Por eso la grieta es recta y aparece a la misma altura en todas las ventanas de la misma vertical.
Se resuelve retirando los ladrillos de ese tramo, saneando el angular hasta metal limpio, pasivándolo o sustituyéndolo si ha perdido sección, y recibiendo de nuevo la hilada. El error habitual es taparlo con mortero o silicona por fuera: el acero sigue oxidándose debajo y en dos inviernos la grieta vuelve a abrirse en el mismo sitio.
En el corredor del Henares hiela más noches al año que en el centro de Madrid, y el ciclo hielo-deshielo es lo que remata el ladrillo cara vista: la cara del ladrillo se descascarilla y el mortero de llagas y tendeles se vuelve arenoso, se rasca con la uña. La fachada deja de ser estanca, aparecen eflorescencias blancas y la humedad sale por dentro, casi siempre en la parte alta de los paños del último piso o junto al frente de forjado.
La reparación es rejuntado: abrir la junta degradada uno o dos centímetros, limpiarla y rellenar con mortero de dureza compatible con el ladrillo, nunca más duro. Después, si procede, hidrofugante transpirable. Lo que no se debe hacer, y se ve mucho por aquí, es pintar el cara vista con pintura plástica para «cortar la humedad»: forma película, encierra el agua que ya está dentro y a los dos años la fachada se levanta a placas.
El sellado de las juntas de dilatación y de los encuentros de ventana tiene además vida útil propia, de diez a quince años. En Soto del Henares, con casi veinte años, ese sellador ya está endurecido y agrietado aunque el resto de la fachada esté bien.
La segunda fuente de filtraciones está arriba. El peto se impermeabilizó por dentro pero no por la coronación, la albardilla tiene las juntas abiertas o le falta goterón, y el agua escurre por la cara exterior hasta el techo del ático. Igual en cornisas y canalones vistos.
Y hay algo muy de bloque abierto: las terrazas cerradas con aluminio que cada vecino montó por su cuenta a lo largo de treinta años. El encuentro con el frente de forjado y con el vierteaguas se resolvió con silicona, y esa silicona ya ha cumplido. Entrada de agua pequeña, constante y difícil de localizar desde dentro: el agua baja por el forjado y sale un piso más abajo, no donde entra.
Llame ya si ve trozos de ladrillo o de mortero caídos en la acera o en el jardín, si al golpear una cornisa suena a hueco, si una grieta ha crecido de forma visible en pocos meses o si el paño da a la entrada del portal o a un aparcamiento. Ahí lo primero es picar y retirar lo que está suelto; la reparación definitiva se programa después con calma.
El sellado y la impermeabilización conviene cerrarlos antes del otoño: una junta abierta o un peto sin rematar aguantan el verano sin dar señales y convierten el primer temporal de lluvia con viento en una humedad interior que ya afecta a pintura y tabiquería.
Apertura, saneado del acero y reconstrucción de la fábrica.
Picado de zonas huecas en cornisas, petos y plaqueta.
Dilatación, encuentros de ventana y cerramientos de terraza.
Paramentos enfoscados y medianeras vistas.
Petos, albardillas, cornisas y canalones.
Redes y púas en patinillos, retirada de nidos y guano.
Para oficinas y hoteles del entorno de la A-2, también limpieza de cristales en altura y líneas de vida en cubierta.
En el bloque abierto de Torrejón el andamio tiene un problema añadido al coste: la fachada suele dar a zona ajardinada o a aparcamiento comunitario, así que hay que apear la base, ocupar plazas y estrechar el paso al portal durante semanas. Más el montaje, la licencia de ocupación de vía pública cuando toca acera y un alquiler que corre llueva o no se trabaje.
Por cuerda se empieza el mismo día, se paga el trabajo ejecutado y al acabar la jornada no queda nada montado. En una rehabilitación integral de toda la envolvente el andamio sigue siendo lo lógico, y se lo diremos.
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Cuéntenos qué le pasa a la fachada, en qué barrio está el bloque y cuántas alturas tiene. Con eso ya orientamos el precio por teléfono.
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