Inicio · Saneado de fachada y desprendimientos
Trozos de revoco o de cornisa en la acera, zonas que suenan a hueco al golpear, o el aviso del seguro tras una inspección. Repicamos lo que está suelto el mismo día que bajamos.
Avisa antes de caerse, y casi siempre con estas seis señales.
Golpea con los nudillos o con el mango de un destornillador. Donde suena a tambor, el revoco ya no está pegado al ladrillo, aunque por fuera no haya ni una fisura.
Mirando el paño de canto desde un balcón o a contraluz se aprecia una barriga. Ahí ya hay cámara de aire detrás.
Restos de mortero en la acera, en los alféizares o en el fondo del patio tras un temporal. Material que ya se ha soltado.
Mancha marrón con el borde reventado en el frente del forjado o el canto del balcón: la armadura se oxida y empuja el recubrimiento.
Una cuadrícula fina de fisuras suele indicar pérdida de adherencia por zonas, no un defecto de pintura.
Manchas oscuras bajo una moldura o un alféizar: falta goterón, el agua vuelve por debajo y se cuela por detrás.
Agua que entra y no sale. La causa más habitual: junta abierta, albardilla sin vierteaguas, canalón que rebosa o alféizar sin goterón. El agua se mete por detrás del revestimiento, no evapora hacia fuera y va rompiendo la adherencia con el soporte.
Hielo y deshielo. En Madrid hay noches de helada de sobra. El agua atrapada aumenta de volumen al congelarse y despega el revoco por planos, cada invierno un poco más.
Mortero incompatible. Un revoco rígido de cemento sobre fábrica antigua o sobre cal acaba saltando en placas: el soporte se mueve y el recubrimiento, más duro, no acompaña.
Armadura oxidada. En frentes de forjado y cantos de balcón de los sesenta y setenta, el hormigón se carbonata, la armadura pierde protección y se oxida; el óxido ocupa más volumen que el acero sano y revienta el recubrimiento desde dentro. Aquí no basta con reponer: hay que tratar el hierro.
Los presupuestos muy baratos se ahorran los tres primeros pasos.
Si ya ha caído algo a la acera, al patio o sobre un coche, sí. Un desprendimiento sobre vía pública es responsabilidad de la propiedad, y el artículo 10 de la Ley de Propiedad Horizontal considera obligatorias las obras de conservación del inmueble sin acuerdo previo de la junta: no hay que esperar a la próxima reunión. Y si el edificio tiene pendiente el Informe de Evaluación del Edificio, las zonas huecas se anotan como deficiencia.
Cuando no da tiempo a aprobar la reparación completa se hace un saneado preventivo: en una jornada bajamos, repicamos todo lo que está a punto de desprender y retiramos el material. El riesgo desaparece hoy y la reposición se aprueba con calma.
Sanear sin cerrar la entrada de agua es repetir la obra en dos o tres años. En la misma bajada revisamos juntas, albardillas, alféizares y encuentros, y te decimos qué hay que tocar: casi siempre es poca cosa al lado de volver a picar el paño.
Trabajos relacionados: sellado de juntas y encuentros de ventana, impermeabilización de petos y cubiertas y pintura de fachada con revestimiento transpirable.
Un andamio son días de montaje, licencia y tasa por ocupar la calle, y alquiler que corre se trabaje o no. Por cuerda se empieza el mismo día y al terminar la jornada no queda nada montado. Para localizar huecos hay otra ventaja: se recorre el paño de arriba abajo tocándolo, también en patios y medianeras donde no entra una estructura.
No. Se repica sólo lo que suena a hueco. Eso sí, la superficie final siempre es mayor que la mancha que se veía desde abajo, y conviene saberlo antes de firmar.
Sí, pero avisamos: los patios suelen estar peor porque reciben menos sol y secan más despacio.
Un saneado puntual se resuelve en una jornada. Un paño completo con reposición suele ir de dos a cuatro días, más el curado antes de pintar.
Repicar y retirar, cualquier día. Reponer, no con helada ni con el paramento muy frío: el mortero no fragua bien y el trabajo no dura.
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Cuéntanos qué le pasa a tu fachada y te damos precio. Con una foto desde la acera solemos hacernos una idea. Si ya ha caído algo, dilo al llamar.
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